Así, pues, en vez de unas túnicas o unos ramos inanimados, en vez de unas ramas de arbustos, que pronto pierden su verdor y que por poco tiempo recrean la mirada, pongámonos nosotros mismos bajo los pies de Cristo, revestidos de su gracia, mejor aún, de toda su persona, porque todos los que habéis sido bautizados en Cristo os habéis revestido de Cristo; extendámonos tendidos a sus pies, a manera de túnicas.
Aclamémoslo también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel.
Aclamémoslo también nosotros, como hacían los niños, agitando los ramos espirituales del alma y diciéndole un día y otro: Bendito el que viene en nombre del Señor, el rey de Israel.

¡Bendito el que vino, estuvo y vendrá! ¡He aquí que vengo pronto! Mantengamos las lámparas de la fe, el amor y la esperanza siempre encendidas! Un fuerte abrazo, hermana Flor
ResponderEliminarMuy hermoso, hermana. ¡Las oraciones del Oficio Divino, son tan profundas! Llegan al corazón.
ResponderEliminarGracias por su oración y por su alma transparente. Por el momento, no estoy recibiendo comentarios, pero agradezco inmensamente su hermandad. Tenga usted y su comunidad una muy fructífera semana santa, y que sus oraciones lleguen a todo el mundo. Un fuerte abrazo.