Si, hermana, el encuentro de dos miradas que se funden en una.
La oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de una luz admirable”.
Cierto hermana. Y seria muy bueno recordar, que esta elevación de nuestro corazón, es también una gracia que hay que pedir en cada momento, porque somos sus criaturas. La oración no debe ser nuestra vida, sino que tiene que ser vida en nosotros, de tal manera que nos lleve a dar testimonio a todo aquel que nos lo pida. Ser oración con todos., pero sin distinción. "Me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos". (San Pablo)
Si, hermana, el encuentro de dos miradas que se funden en una.
ResponderEliminarLa oración no es otra cosa que la unión con Dios. Todo aquel que
tiene el corazón puro y unido a Dios experimenta en sí mismo como
una suavidad y dulzura que lo embriaga, se siente como rodeado de
una luz admirable”.
¡Gracias! Feliz y santo día del Señor.
Un abrazo fraterno.
Cierto hermana. Y seria muy bueno recordar, que esta elevación de nuestro corazón, es también una gracia que hay que pedir en cada momento, porque somos sus criaturas. La oración no debe ser nuestra vida, sino que tiene que ser vida en nosotros, de tal manera que nos lleve a dar testimonio a todo aquel que nos lo pida. Ser oración con todos., pero sin distinción. "Me he hecho esclavo de todos para ganar a los más posibles. Me he hecho débil con los débiles, para ganar a los débiles; me he hecho todo a todos, para ganar, sea como sea, a algunos". (San Pablo)
ResponderEliminarGracias hermana. Un abrazo y unidas en oración.
Esta dulce conversación con el Padre nos reconforta y nos da fuerza para seguir adelante.Besicos
ResponderEliminarAmemos y conversemos con Él, que es todo cuanto precisamos.
ResponderEliminarUn abrazo, querida Flor del silencio