Pues si, hermana, la alegría de la vida de cada día, la alegría de la fe, de la Eucaristía, de esa persona que Dios pone en mi camino. De esa flor que me transporta a Dios. Del sol que nace cada día para mi. De ese aroma de café al amanecer. De ese dolor que yo ofrezco, y que se vuelve paz y dulzura... ¡Hay tantas cosas!
certísimo! Y añadiendo un poco a lo que ha dicho Marian: nuestra alegría tiene que ser una alegría renovada y nacida de nuestra relación personal con Jesucristo. Nunca una alegría puesta en el consumismo o los placeres superficiales. La alegría del cristiano no es una anestesia para no sufrir, sino una alegría con esperanza. La alegría fortalece la esperanza y la esperanza florece en la alegría.
Pues si, hermana, la alegría de la vida de cada día, la alegría de la fe, de la Eucaristía, de esa persona que Dios pone en mi camino. De esa flor que me transporta a Dios. Del sol que nace cada día para mi. De ese aroma de café al amanecer. De ese dolor que yo ofrezco, y que se vuelve paz y dulzura... ¡Hay tantas cosas!
ResponderEliminar¡Gracias! Un abrazo fraterno.
certísimo! Y añadiendo un poco a lo que ha dicho Marian: nuestra alegría tiene que ser una alegría renovada y nacida de nuestra relación personal con Jesucristo. Nunca una alegría puesta en el consumismo o los placeres superficiales. La alegría del cristiano no es una anestesia para no sufrir, sino una alegría con esperanza. La alegría fortalece la esperanza y la esperanza florece en la alegría.
ResponderEliminarMuchas gracias hermana. Un fuerte abrazo.
Esas pequeñas cosas son las que renuevan nuestra esperanza cada día.Besicos
ResponderEliminarUn abrazo, querida flor del silencio. Te ruego oraciones por una persona que anda padeciendo mucho en su interior. Muchas gracias, hermana
ResponderEliminarLa alegría, no te la da en el tener más, sino en aquellas pequeñas cosas y en el amor y la amistad de nuestros semejantes y sentirnos hijos de Dios
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