¡Oh banquete precioso y admirable, banquete saludable y lleno de toda suavidad! ¿Qué puede haber, en efecto, de más precioso que este banquete en el cual no se nos ofrece, para comer, la carne de becerros o de machos cabríos, como se hacía antiguamente, bajo la ley, sino al mismo Cristo, verdadero Dios?
No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.
Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.
No hay ningún sacramento más saludable que éste, pues por él se borran los pecados, se aumentan las virtudes y se nutre el alma con la abundancia de todos los dones espirituales.
Se ofrece, en la Iglesia, por los vivos y por los difuntos, para que a todos aproveche, ya que ha sido establecido para la salvación de todos.

Nadie como Él! Gracias
ResponderEliminarRegrese, porque me gusto mucho lo que ha escrito. Realmente que es todo un banquete, al que somos invitados y que dicha la nuestra de poder participar en él. La imagen, es también muy bella. Brilla en todo su esplendor....gracias
ResponderEliminarEl es nuestro pan para el alma y para el cuerpo que por su gracia será resucitado y glorificado a imagen del Suyo Divino que recibimos y asumimos en cada comunión. Amigo del alma al que no se puede recibir estando sucios.
ResponderEliminarUn abrazo fraterno